En pleno siglo XXI, la sociedad- aún más que en épocas pasadas como en la modernidad pesada de la sociedad industrial- experimenta cambios acelerados en un abrir y cerrar de ojos, donde la ciencia y la tecnología avanzan y se desarrollan a pasos agigantados y, es precisamente en este punto que las empresas privadas y las instituciones públicas deben demostrar su capacidad de adaptabilidad y manifestar sus competencias para prever, manejar y controlar las nuevas situaciones que emergen como reflejo de una realidad que, continuamente, sufre cambios y transformaciones, producto de la naturaleza de la era en la que vivimos, denominada “la era de la información” según el sociólogo español, Manuel Castells.
En este punto, es óptimo afirmar que el desafío para las organizaciones consiste básicamente en la integración, la diversificación, la innovación, y la creación de estrategias que permitan asumir los cambios, y desenvolverse con éxito en los mercados mundiales. Para lograrlo, es necesario desprenderse de las antiguas concepciones administrativas que se dedicaban a crear estructuras y jerarquías, ya que conciben los procesos internos de la empresa o institución de una forma mecanicista, subordinando el carácter humano que debe imperar en la organización.
De ahí que la administración, la gerencia y la gestión deben concebirse como un corpus integrado, donde cada una de las partes se relacionan entre sí y con las cuales se trabaja conjuntamente para hacer de la empresa o la institución, una organización sólidamente conformada pero, flexible y adaptable ante los cambios de una sociedad que, actualmente, goza de giros de 360 grados. Así, la gerencia es el órgano distintivo de toda organización y, de esta depende, en gran parte, la economía y la comunidad moderna.
miércoles, 24 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)